La biblioteca del buen gourmet
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Artículo:  La biblioteca del buen gourmet
Libro:  ESP REINVENTAR LA COCINA
Autor:  FERRAN, ADRIAN
Medio:  Ñ (Clarín)
Fecha:  18/11/2011

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El gran libro de Doña Petrona C. de Gandulfo vuelve de la mano del boom del género. 
 
Comidas para leer y mirar 
 
La biblioteca del buen gourmet 
En riguroso papel ilustración cosido a hilo, el moderno libro de cocina se propone como objeto de lujo,alejado de la misión práctica del recetario para apoyar junto a la hornalla: ofrece imágenes casi cinceladas, áureas, intocadas. 
 
NICOLÁS ARTUSI Sin rastros de óxidos ni rayones, las mesadas relucen con la limpieza aséptica de un laboratorio. Las ollas tienen el cromado de un cero kilómetro, en cuanto brillos y aluminios sugieran una noción de lo sofisticado. El menaje, áureo: intocado. Y las comidas se exhiben casi cinceladas, lustrosas al punto de la gelatina, cubiertas por la sospecha del dopaje con jarabes. En riguroso papel ilustración cosido a hilo, el moderno libro de cocina se propone como objeto de lujo, alejado de la misión práctica del recetario para apoyar junto a la hornalla: ofrece una cocina para mirar, ya no para imitar con el voluntarismo de un principiante. Si Roland Barthes definió como "cocina ornamental" la hermosa fotografía en colores de cualquier plato preparado para la cámara, estas enciclopedias de lo gastronómico también ofrecen una cocina exclusivamente para la vista, "que es un sentido distinguido". La insistencia en lo elegante recorre las páginas de los libros, llevando la preparación del plato a la ambición del restorán cinco tenedores como reemplazo del fogón doméstico. En Siete fuegos, mi cocina argentina (Editorial V&R, elegido "mejor libro de parrilla del mundo" en los Gourmand World Cookbook Awards), con su atuendo regio Francis Mallmann se emparenta más con el terrateniente que con el peón de campo, y en Dolli Irigoyen en su cocina (Editorial Planeta), la experta de apellido patricio propone "la sofisticación de lo simple", en su esmerada búsqueda de las "cakes de choclo con guacamole y salmón curado" o del "flan de miel con bananas caramelizadas y galleta de jengibre". Como en la carta de cualquier restorán con pretensiones, la milanesa criolla parece reemplazada por la parodia de una "lengua de ternera rebozada con un rallado de masa madre fermentada". La didáctica del libro de cocina moderno ya no persigue la réplica del plato por el lector entusiasta sino que se erige en vidriera de los saberes del chef célebre y ejercicio de voyeurismo para el fisgón que quiere espiar en la habilidad ajena (sólo Narda Lepes, en Comer y pasarla bien, distingue una noción de placer en el acto y en su Guía de Compras, ambos de Editorial Planeta, con su direccionario callejero consigue su propósito de "transformar en fácil y divertido todo lo que de entrada parece complicado y monótono"). La fotografía abusa de los caldos y los jugos para crear imágenes perdurables y excesivas, exprimiendo las codiciables bondades de la impresión a cuatro colores. Como escribió Barthes en Mitologías, "la ornamentación procede por dos vías contradictorias: por una parte, huir de la naturaleza gracias a una suerte de barroco delirante (mechar camarones dentro de un limón, darle color rosa a un pollo, servir pomelos calientes) y por la otra, intentar reconstruir esa naturaleza por medio de un artificio burdo". Cultura o ciencia, la cocina se acerca al laboratorio, clínico o fotográfico, y desprecia, por poco ambicioso, el ámbito de lo casero. En El Gran Libro de Doña Petrona (Editorial Distal, que ya lleva más de cien ediciones desde su publicación original, hace 60 años) la cocina se mantiene congelada en la postal anacrónica, eternizada en la receta hoy impracticable por razones lógicas de falta de tiempo, cuidado de la dieta (con kilos de manteca y hectolitros de aceite, en los '60 el colesterol era apenas un dato relevante para los anales médicos) y ahorro monetario: los platos denuncian el derroche de ingredientes que se cuentan de a kilos, sostenidos por una idea de "economía mítica", casi una cocina de ensueño o de nostalgi a por los tiempos idos. Entre las tapas duras que replican el rostro maternal pero severo de la Doña, casi 900 páginas resumen una idea que la clase media criolla tuvo del comer durante un siglo. Según Alfredo Arias, curador de la muestra Patria Petrona que se expuso este año en la Fundación PROA, el libro funciona como una síntesis del argentino con ambiciones de finoli, ambicioso en la puesta de la mesa y aparatoso en sus modales, derretido ante el postre que es, a la vez, "mezcla de juguetería, arquitectura, joyería y hazte couture". Ahí donde la gran competencia editorial de Doña Petrona haya pretendido una actualización del canon doméstico (Cocina fácil para la mujer moderna, Editorial Atlántida, de Choly Berreteaga, publicado en 1976 y ya con quince reediciones), ese mismo concepto de "mujer moderna" discute con el arquetipo de la matrona que hacía de la cocina su refugio. El discurso público de la gastronomía actual elimina el término que alimentó las tardes culinarias de la prehistoria televisiva y los best sellers del ramo: "ecónoma" ya no se dice ni se entiende como voz autorizada, a la manera de unas Chichita de Erquiaga o Emy de Molina, acaso en desafío al consejo eficientista 
Comer y pasarla bien NARDA LEPES PLANETA 224 PAGINAS 249 
Cocina fácil para la mujer moderna CHOLY BERRETEAGA ATLANTIDA 
Reinventarla cocina. Ferrán Adriácolman andrews PHAidon *? QRq PAGINAS
Cucina Paradiso DONATO de santis PLANETA 280 PAGINAS $229 
Mi primer libro de recetas JULIANA LÓPEZ " MAY SUDAMERICANA para el ama de casa ("busque precio, señora") y vinculando ahora la comida con el placer exótico, en cuanto experiencia gourmet: la receta de un típico pastel de papas, en la versión ampulosa de Francis Mallmann (Siete fuegos), lleva veinte ingredientes. Veinte: para la cuenta del supermercado, casi medio aguinaldo. La nueva gastronomía se rige según las reglas del showbiz, que no ahorra en presupuestos. Siempre fotografiados en las tapas de sus libros, con la portada devenida en réplica impresa de la pantalla televisiva, los cocineros argentinos se rinden ante los privilegios de lo mediático. Aunque se jacte de no tener agente de prensa, el catalán Ferrán Adriá tendría una fama equivalente a la de cualquier rockstar y, por eso mismo, evita el retrato en la tapa de su libro, pura tipografía grabada en relieve sobre fondo entelado, que sugiere la trascendencia de unas Tablas de la Ley. En Reinventar la cocina, Ferrán Adriá: un viaje incesante por la gastronomía (Editorial Phaidon), el periodista estadounidense Colman Andrews traza un perfil autorizado del "chef más admirado, comentado, criticado y venerado de todos los tiempos", ascendiend&a
 
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