Aleksandar Hemon en "El proyecto Lázaro" construye una tragedia clásica a partir del asesinato de un inmigrante.
OSVALDO GALLÓNE Lázaro Averbuch es un inmigrante judío que ha sobrevivido al pogrom de Kishinev y arriba a Chicago en 1908, junto con su hermana Olga, en carácter de inmigrante; cuando le va a entregar una carta al jefe de policía local (cuyo contenido permanecerá en el más estricto misterio), es cosido a balazos y a sangre fría por las autoridades, que encubren el hecho relacionando a Lázaro con las células anarquistas que campean por la ciudad. Vladimir Brik, un joven escritor bosnio transplantado en Chicago, decide econstruir la historia de Lázaro Averbuch recorriendo su mismo itinerario por el paisaje de Europa del Este a fin de escribir un libro que rememore el asesinato. Tal es la trama de El proyecto Lázaro, cuyo autor, Aleksandar Hemon, reconoce más de un punto de contacto con Vladimir Brik: nació en 1964 en Sarajevo, fue a perfeccionar su inglés a Chicago, allí lo sorprendió la guerra de Bosnia, ya no pudo retornar a la antigua Yugoslavia y se estableció por fin en Estados Unidos. El proyecto Lázaro es una notable novela donde se adivina, indeleble, la huella de Nabokov en el estilo (no es gratuito que un autor que ha debido abandonar su lengua natal para adoptar la de su país de residencia halle en Nabokov su paradigma estilístico): en la frase incisiva, en la sabia recurrencia a la ironía, y, especialmente, en una cosmovisión que excede el estilo: la certidumbre de
que la realidad es eso que sólo puede ser nombrado si se pone entre comillas. El problema del otro Aquello que despliega con inequívoca eficacia narrativa El proyecto Lázaro es el perfil que, a despecho de los tiempos, delinea en una sociedad la emergencia de un sujeto específico: el otro (extranjero, inmigrante o ilegal); a este respecto, la historia presente y pasada (en el marco de la novela: las historias de Lázaro Averbuch y de Vladimir Brik) suscitan el desaliento en mayor medida que el optimismo: el otro invade, incomoda y ensucia; más vale, pues, eliminarlo o esclavizarlo más allá de la forma en que se encarne la otredad: judío, boliviano, marfileño, bosnio o paraguayo. En este sentido, El proyecto Lázaro remite derechamente a las sartreanas Reflexiones sobre la cuestión judía: "si el judío no existiera, el antisemita lo inventaría"; huelga agregar que donde Sartre pone "el judío", el sujeto se puede reemplazar por la nacionalidad que se desee. El último adiós La trama de la novela hunde sus raíces en la tragedia clásica: luego de ser ultimado, el cadáver de Lázaro Averbuch desaparece y es enterrado sin que siquiera se pueda rezar un kaddish sobre sus restos; su hermana Olga, entonces, se constituye en una Antígona que se alza contra la legalidad terrenal en nombre de una ley superior: la de la tradición, la de la memoria, la del culto ancestral. El proyecto Lázaro, sin embargo, no desarrolla un paralelismo que se sugiere al principio, que se alude de modo manifiesto en el epígrafe de la novela, pero que se diluye en su desarrollo y que habría sido fecundo de haber sido consumado: el paralelo con la historia del Lázaro bíblico, aquel que es sacado del mundo de los muertos para reinsertarse entre los vivos en un milagro tan escalofriante como terrible; tal vez ese sea el ápice que le falte a El proyecto Lázaro para pasar de ser una novela notable a una gran novela. Un dato que puede interesar al lector es que el tema fue tratado de modo inmejorable en una breve ficción argentina: "Una carta" (Marco Denevi, Falsificaciones). HEMON BÁSICO
SARAJEVO, 1964. ESCRITOR Estudió literatura y en 1992 se instaló en Chicago, donde lo sorprendió la Guerra de Bosnia. Colaboró con The New Yorker, EsquireyThe Paris Review.
Publicó los relatos de "La cuestión de Bruno" y su primera novela fue "El hombre de ninguna parte", de 2002.