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CUANDO UNO HACE INNOVACIÓN ES MAS FÁCIL EQUIVOCARSE
Ferran Adriá (49). El cocinero más famoso del mundo y padre de La cocina de vanguardia española estuvo en Buenos Aires y habló con Para Ti. La importancia de las guías gastronómicas, su idolatría por Lionel Messi y las versiones de aquellos que adoptaron sus técnicas. Mano a mano con un genio de la cocina que comenzó su carrera lavando platos para conseguir dinero y así poder viajar a Ibiza. </br> </br> </br> </br>A primera vista, Ferran Adriá no da ninguna pista de ser un revolucionario gastronómico, considerado el mejor chef del mundo. Se muestra amable y tranquilo; sin embargo, ni bien comienza a hablar aflora en él una mirada intensa de genio loco que, en conjunto con su pelo gris y revuelto, nos advierte que estamos frente a un hombre diferente, el padre de la cocina de vanguardia -no le gusta el término molecular-. "Soy una persona normal", dijo una y otra vez a lo largo de la entrevista el español que no tiene hijos y desde 2002 está casado con Isabel Pérez Barceló. Pero su humildad no pudo apaciguar el revuelo que desató su presencia en Buenos Aires, donde llegó convocado por la empresa Telefónica como embajador de innovación y tecnología. El cocinero español tuvo una agenda tan ajustada -cargada de entrevistas y actividadesque uno de los presentes bromeó diciendo que iba a quedar "deconstruído", en alusión a uno de sus conceptos más famosos, la deconstrucción culinaria, que propone desmontar platos para rearmarlos de una manera distinta. Y si bien su nombre de inmediato se asocia a las innovadoras técnicas -como la ultracongelación, la ferificación o la producción de espumas y aires derivados de alimentos-, él asegura que lo más importante es trabajar con libertad y convicción, facultades con las que trabajó en su mítico restaurante El Bullí, ubicado en la Costa Brava española. Allí, a lo largo de tres horas, se servían 40 pequeños platos rebosantes de provocación, ironía y sentido del humor , preparados por una brigada de 45 cocineros. "Intentábamos hacer feliz a la gente ", explica sobre aquella experiencia que culminó en julio de este año cuando El Bullí cerró sus puertas para dar paso a la elBullifoundation, que comenzará a funcionar en 2012, pero que recién en 2014 se abrirá al público. Mientras tanto, el chef continúa con los dos restó, que el año pasado abrió en Barcelona junto a su único hermano, el también eximio cocinero, Albert. Se trata de un restó de tapas de vanguardia llamado Tickets y otro (instalado justo al lado) bautizado 41° Experience, que de 7 a 11 de la noche sirve un menú de 41 pasos para 16 comensales y a la medianoche se vuelve un bar de coctelería. ¿Te das cuenta de que tu cocina ha sido copiada en todo el mundo? Copiada, no. Muchos se inspiran en la manera de pensar que teníamos. Aunque la gente no lo vea así, en El Bullí lo importante no era la cocina sino el espíritu: pasión por lo que haces, compartir, libertad y riesgo. Y esto lo puedes aplicar hasta para hacer un asado. Además, hay cocineros que incorporaron algunas de nuestras técnicas, conceptos y estilos a su cocina, y otros se mimetizaron y lo hicieron genialmente. No obstante, hay críticos que sostienen que has sido mal copiado... Eso es una estupidez, ¿o acaso todos los asados están buenos? Los cocineros que están en el puesto número uno, dos, tres, cuatro y seis de la guía Restaurant son hijos de El Bullí. Claro que hay gente que lo hace mal, pero no se puede generalizar. Además, cuando uno hace innovación es más fácil equivocarse que cuando no haces nada. Yo creo que quienes sostienen que me copian mal, si hubieran ido a El Bullí tampoco les hubiese gustado. Y está bien, puede no gustarte. Hay gente que ha venido y no le ha gustado. ¿Cómo ves la cocina Argentina? Creo que en la Argentina están en un momento de construcción de su cocina. Hay gente joven que quiere tener una identidad argentina. Cuando yo vine en 2001 no existía esta sensación. Lo único que había era asado. Ahora se ve que queréis hacer algo contemporáneo y esto crea conflictos entre el pasado, el futuro y gente que está en el centro. Es normal. Pero un país sólo puede ser importante en gastronomía o en cualquier otra cosa, cuando trabaja con libertad. chos restaurantes, por eso te puedo hacer un análisis un poco más exhaustivo. El fenómeno peruano es imposible de reproducir en el mundo porque se han dado una serie de circunstancias muy especiales. Es un país en desarrollo que intenta salir de la pobreza recurriendo a la gastronomía. Lo que es bestial, porque es la primera vez que utiliza la cocina como desarrollo socioeconómico. Esto sucede porque cuentan con Gastón Acurio, un chef que se ha convertido en un líder. Lo respetan tanto sus colegas como el pueblo. Además, Perú tiene una cultura importantísima y una diversidad de productos muy interesante. Pero allí no hay una revolución de la alta cocina, no está influenciando a todo el mundo. Lo que hay es una revolución de la cocina como arma social. DE LA CANCHA A LA COCINA. "Yo soy un chico de barrio que de niño aspiraba a ser un buen futbolista", comentó con su característico acento -que por momentos vuelve ininteligibles sus palabras- este fanático del Barcelona y admirador de Lionel Messi. Ferran nunca terminó el secundario y entró en una cocina por primera vez con el único fin de juntar plata para poder irse de juerga a Ibiza. Luego de lavar algunos platos, Adriá se fue de viaje y a su regreso continuó en el mundo gourmet trabajando en distintos restos. En 1987, con 25 años, tomó el mando de El Bullí, un restaurante medio aislado, al que durante 15 años llegaban muy pocos clientes. Allí pudo dar rienda suelta a su creatividad. Su fama fue creciendo en el mundillo de la gastronomía española a medida que la oferta de El Bullí iba volucionando bajo su personal impronta. En 1996 tenía tres estrellas Michelin, tres años después apareció en la tapa de la revista del diario El País, de Madrid, pero fue recién cuando llegó a la portada de The New York Times Magazine, en 2003, que súbitamente se volvió una celebridad mundial. Para entonces, conseguir una mesa en El Bullí pasó a ser casi imposible. Desde 2006, la revista Restaurant le otorgó el primer puesto de su ranking, que mantuvo por cuatro años. Fue invitado a Documenta 12, una de las ferias de arte más importantes del mundo, nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Barcelona y convocado por Harvard para dar una conferencia. Tantos reconocimientos no sólo se volvieron "insoportables", sino que también le valieron una serie de polémicas. "Me<
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